Transmorucha 2012, día 3

La tormenta nos respetó durante la noche y no tuvimos que utilizar la tienda… Cayeron cuatro gotas que suavemente nos salpicaron la cara, algo que también sirvió para refrescar un poco el ambiente caliente que nos regaló la noche en el merendero de El Arenal.
Y hoy tampoco cantó el gallo Jariego, ¡¿se estará haciendo mayor el bicho!?
Copiosos desayunos, chascarrillos y comentarios sobre la peladilla que nos esperaba a primera hora de la mañana, cuando aún estábamos crudos…




¡18 kilómetros de puerto con buenas rampas llenas de piedras! Y ante lo que nos esperaba, una subida en toda regla, con nombre y apellidos, uno no sabía si sacar la muleta, el capote o directamente pedir el pañuelo negro... ¡Madre!
Recogido el campamento, cargadas las alforjas con materiales, comida, aperos y la basura generada esa noche, nos ponemos en marcha para atacar, cantando la marimorena, la subida hasta Herguijuela de la Sierra y después hasta La Alberca.





La mañana está idónea en cuanto a meteorología, con ambiente fresco y nubes grises que tapan las posibles acciones del amigo Lorenzo. La subida nos la tomamos sin arrogancia, con calma y buen humor, que el día es largo. Algunas rampas nos obligan a llevar una respiración entrecortada, y como algunos no nos callamos ni debajo del agua, pues en lugar de hablar casi es un balbuceo lo que sale de nuestras bocas resecas. ¡Vamos, compañeros!
Parece mentira cómo cambia el cuento, y la velocidad supersónica de otros años al bajar hasta el Arenal se torna hoy en ritmos de tortuga donde los transmoruchos tenemos que tirar de molinillo, piernas y empujar con los riñones…
Cuando menos nos lo esperamos, estamos en La Herguijuela, haciendo acopio de agua y mirando con recelo la calle que nos saca del pueblo y que tiene una inclinación del diablo.
Y con una voluntad de oficio y desmedida ambición, bajo la atenta mirada de los atónitos vecinos, unas cuantas cabras locas montadas en burras mecánicas intentan, forzando cuerpo y mecánica, subir la terrible cuesta sin echar pie al suelo… ¡Y algunos lo consiguen!, vaya máquinas.





Continuamos subiendo, nos queda otro buen trecho y debemos afrontar serena y decididamente cada curva, cada rampa, cada tramo de piedras…
La dura subida nos muestra en varias ocasiones la cornamenta, pero salimos ilesos y ni siguiera nos roza la taleguilla… Piano, piano, con las ideas claras y una deslumbrante suficiencia, el grupo de transmoruchos seguimos camino de La Alberca, una de las principales metas de hoy. Sin grandilocuencias ni desmesuras marcamos un acompasado ritmo, casi rutinario, sin frenos o locas aceleraciones. Pronto llegamos al final de nuestro particular purgatorio y la sorpresa nos la da Juanjo, transmorucho de pro (que además promete volver el próximo año), que estaba esperándonos en la entrada de La Alberca dando ánimos y haciéndonos varias fotos.




Al final la subida no ha sido para tanto (y esto lo digo ahora que ya estoy en casa, je, je…)
Compra rápida en La Alberca, foto, cerveza rápida en la plaza y continuamos adelante, que la tormenta está amenazando y la procesión de este día es larga.
Los mayorales intuyen que se nos puede echar la noche encima y en cierta manera peligra el paso, nocturno si se diera el caso, por las fincas de ganado bravo… Como consecuencia, acortamos unos kilómetros y eliminamos una subida para llegar, después de algún pinchazo y reparación de transportín, hasta El Cabaco.




Como es pronto, decidimos continuar hasta Aldeanueva de la Sierra y comer allí. En el bar nos encontramos con un peñarandino y raudos tiramos de mantel para hilar conversaciones y dar buena cuenta de caldos y viandas. Como entrante, y también como postre, algún transmorucho se mete un arreglo de pinchazo entre pecho y espalda, ¡estamos sobrados!
Sin demorarnos con los postres y la sobremesa, continuamos hacia Tamames, con sus pistas de tierra roja botijera, y en un verbo nos ponemos en Percu, en Sepulcro Hilario, en el Bar La Morena, un clásico bar transmorucho donde nos reciben, año tras año, con los brazos abiertos.




Este año la intención era la de cruzar por lo que nos dicen que es un camino público y que atraviesa por la finca de la Fresneda (100% natural)… Pero no sale al paso el señorito, o un amigo de, y nos dice que nasti de plasti, que eso es una finca privada y que lo público está en la carretera, que hemos dejado atrás…
Total, que como somos buena gente, decidimos dar la vuelta y continuar nuestro camino de siempre hacia la finca Vaqueril de Campocerrado. Ya investigaremos qué pasa con el camino de marras…




Paso por Martín de Yeltes, con vuelta al ruedo en las rotondas y en una improvisada plaza de toros con ruedas de carros, ¡estos bichos están locos! debieron pensar los vecinos; vemos, por primera vez, pasar el tren… Y cruzamos Campocerrado, en silencio, con la mirada puesta en las vacas bravas… Y como decía Juan Luis Guerra, se nos sube la bilirrubina…
Es entonces cuando el cielo, que había estado aguantando todo el día, dice aquello de aquí estoy yo, dejando caer una fina lluvia que nos obliga a hacer una parada en Retortillo, un buen momento para calentar las gargantas con pegadizas canciones, charlar sobre lo acaecido a lo largo del día, hidratar con unas cervezas…




Aquí Pepa realiza unas gestiones telefónicas con su amigo Emilio y dejamos apalabrado el centro cívico de Villares de Yeltes para hacer la cena y dormir. El lugar ya es conocido por algunos transmoruchos, pues lo hemos utilizado en otras ediciones donde el agua también hizo aparición (como decía un vecino en el bar: Tenéis que venir más a menudo, cada vez que aparecéis, llueve…) Agradecidos estamos, Emilio, por la disponibilidad, el ofrecimiento, las gestiones, la rueda para Gabi...
Salida hacia Villares con algo de lluvia cayendo del cielo. En una de las cuestas, avería, rotura de transportín (más adelante, rotura de llanta)… Y cuando nos estamos poniendo en marcha y atacando la cuesta oímos el ruido de un motor que llega por la retaguardia, con un bicho medio pelirrojo asomado a la ventana del copiloto diciendo aquello de '¡Vamos, mariquitas!'. ¿Pero, esto qué es…? Si resulta que es Emilio que viene en nuestra búsqueda, cargado con los transmoruchos Pepe Tiedra, el mi Juli y Vegas… ¡Ahí estamos!, haciendo la Transmorucha más grande…
Llegada a Villares. ¡Ya están aquí los pájaros!
Y si el día ha sido entretenido y divertido, no os digo cómo fue la tarde-noche… ¡Vaya carrusel! Un carrusel con su ferial y su verbena… ¡Espectacular!
El próximo año, como dice el Jariego, tendremos que ensayar desde enero con el cancionero popular para poder estar al nivel exigido…
¡Otro gran día, amigos!

Aquí tenéis algunas fotografías de Neli, Carlos Elías, Eutiquio, José Antonio Jariego, Sánchez, Agustín, Luisda Aceiterín y mías (día 3).

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