Transmorucha 2012, día 1

Y llegó el día esperado…
¡Ya está aquí la Transmorucha!, y este año, ¡al revés!


Una del mediodía y un nutrido grupo de transmoruchos (ver los participantes aquí), veteranos unos, noveles otros, todos vestidos con traje ceñido, reflejando mil luces gracias a la licra y el sol reinante, pedaleadores relamidos (o no) y avispados zapatilleros con o sin calas, nos dispusimos a partir para completar la primera etapa de esta nuestra querida Transmorucha.

¡Chiiiiiiiiisssss pummmmm! Pistoletazo de salida...

Comenzamos la ruta-aventura un jueves de mercado desde el peñarandino Templete, después de una caña aún poco merecida en una terraza de la plaza, con Lorenzo diciendo ¡venid, transmoruchos, venid!
¡Vaya calor!
Nos esperan caminos conocidos... Partida hacia Bóveda del Río Almar, Mancera de Abajo, Salmoral, Malpartida y Alaraz, con parada técnica en Malpartida y después, como marca la tradición, en el supermercado de la amiga Rosa y el amigo Pedro. Dice Pablo que el próximo año nos acompaña una etapa, ¡vamos esos jóvenes! Risas, comida bajo las cigüeñas de la iglesia de Alaraz, buscando la sombra, y otro poquito de crema para el cuerpo que los rayos de sol nos atraviesan como espadas…


Y comienza lo bueno… La cuesta de los Baños de Somosancho, así, sin anestesia… No está mal la jugada para calentar… Las alforjas ya se hacen notar y se alían con la fuerza de la gravedad para tirar hacia abajo, pegándose con saña al polvoriento suelo... ¡Vamos!
Nos ponemos en San Miguel de Serrezuela y buscamos la fuente como un nutrido grupo de ovejas y nos acarramos para aprovechar la sombra de nuestros compañeros y la poca sombra que nos ofrece la parada de autobús… ¡No vamos a pasar frío, no!
Entre charlas, risas, chascarrillos y demás zarandajas nos vamos haciendo al instrumental que llevamos debajo de las posaderas: Esas burras mecánicas aderezadas con alforjas que soportan, de media, algo más de 20 kilos.



Callejón que nos pone en la Cañada y nos vamos para Zapardiel de la ídem. Pero antes hay que pasar por la finca de Castellanos, con sus perros, esos que antaño dijéramos que eran un mastín cruzado con un león y un cocodrilo; pero que hoy, no sé si por el calor del estío o porque los años no pasan en balde, simplemente nos vigilan con una mirada cansina viéndonos transitar por su territorio... Por cierto, ¿qué pensarán estos bichos de nosotros?
Llegada a Zapardiel. Una caña, ahora sí, merecida, nos refresca el gaznate… Nos costó salir del burladero, no sé si por el calor de fuera, las cervezas de dentro, lo animado de las conversaciones… Y piano, piano, que diría el tío Manjón, nos ponemos, después de pasar por Arevalillo, Aldealabad, Gallegos de Solmirón y otro par de paradas, en nuestro destino final: Puente del Congosto… Aquí también damos buena cuenta de unas frescas cervezas viendo cómo la tormenta nos deja de lado, perdonándonos un remojón que quizá no hubiera venido mal.
Aprovechamos el río para bautizar a los nuevos transmoruchos y ante la mirada rebosante de admiración de la pareja que estaba en el merendero, nos damos un merecido y necesario baño en nuestro querido Tormes. Pobre chiquilla, si decía que a ella ya la da pudor bañarse en biquini...
Cena, chupitos y largas e interesantes tertulias son la antesala del acto de extender la esterilla, el saco y hacer un poco de seda hasta las 6.30 de la mañana, momento en el que tocan diana para recoger el campamento y arrancar, de nuevo, los motores…
Un gran día transmorucho.

Aquí tenéis algunas fotografías de Carlos Elías y mías. Iremos subiendo más en los próximos post.