Transmorucha 2010, jueves 3. Por Carlos Elías

Es jueves 3 de junio y nos vamos para Aldeadavila, que esto empieza ya.
Ya no hay tiempo para más; da igual que no tengas nada claro, cuántas cosas has metido y cuántas te olvidas... No hay problema, seguro que te has pasado y tus alforjas son las que más pesan.



Forma parte del ritual: llegar a Aldeadávila, meter todo en las alforjas y empezar a levantar bicis... ¡Coño, la más pesada siempre es la mía!
Otra tradición no escrita que hay que cumplir: no salir nunca antes de las 15:30 h. Da igual el propósito que traigas; siempre saldremos tarde y luego a recuperar….
En esta ocasión estamos en Aldea: Nely, Elías, Jose Antonio, Gabi, Custi, Felix y Carlos Elías ¡Ahí es na! ¡Menudo grupo! Después se nos unirá Cristóbal.
Según las previsiones este año toca versión “polvo” y a la hora de salida el sol es de justicia, rondarán los 30 ºC.
Los primeros km son pistas de concentración muy cómodas con algún tramo de veredas entre tapias, reliquias de lo que fueron los caminos de Las Arribes, una lástima que en nombre del progreso se pierdan auténticas joyas en forma de senderos, veredas, tapias de piedra, puentes y pasarelas por las que era una gozada transitar (andando, en caballerías o en bicicleta). ¿Son realmente necesarias pistas de hasta 5 metros de ancho para acceder a las fincas agrícolas?
En El Milano una paradita para refrescarnos y recoger a Cristóbal, nuevo en la ruta, para después continuar por buenos caminos, a buen ritmo, hacia Villasbuenas y Guadramiro.
Este año incluimos alguna novedad con el fin de visitar el castro de Yecla de Yeltes, un fuerte de origen vetón en el que posteriormente se construyó la ermita de la Virgen del Castillo. El sitio bien merece la visita, pero todos coincidimos en que se le podía sacar un poco más de rendimiento, pues da sensación de abandono.
Los buenos caminos y las ganas con las que siempre se empieza la Transmorucha, hacen que el ritmo sea vivo de verdad. A estas alturas se ha asimilado perfectamente el sobrepeso de las alforjas y nos empezamos a olvidar de ellas.
Este ritmo empieza a pasar factura al amigo Custi que suple la falta de entrenamiento con buen humor y ganas, ¡No hay problema, llegar, llegaremos todos! ¡Faltaría más!
La Transmorucha debe su nombre a esta noble raza de vaca con denominación de origen salmantino y una buena muestra siempre se encuentra en la finca de Pedroalvaro. Cada año el paso por esta finca pone su punto de interés y nos hace subir la adrenalina cuando pasamos entre este recio ganado. Pues bien, este año nada de Moruchas… ¡Nos las han cambiado por cerdos! ¡Eso sí, enormes! ¿Será la crisis o simplemente estaban en otro cuarto de la finca?
En nada y con unas estupendas vistas del río Yeltes nos presentamos en Villares de Yeltes, mandamos a los nuevos a buscar el bar... ¡Qué olfato tienen los jodios!
¡Qué buen recibimiento por parte de los paisanos a la llegada de “los pájaros”! y ¡qué forma de sacar cervezas! El calor y la euforia ayudan lo suyo y las cervecitas entran que da gusto. ¡Sólo por este momento merece la pena venir hasta aquí!
En penumbra y con la valentía que dan las birras, bajamos por el ya famoso y empinado sendero hacia la fuente y posteriormente a la ribera del Yeltes, donde plantamos el campamento, no sin antes darnos un merecido baño. Este año el clima nos ha permitido recuperar esta tradición que la lluvia nos había negado las últimas ediciones.

Todas las fotos de la Transmorucha, en este post.