Javi 4000, de aventuras montañeras por tierras leonesas

Hace tiempo los compañeros del Club Salandar estuvimos por tierras leonesas, de la mano del amigo D. Emilio García Lucas, realizando unas rutas espectaculares por el Valle del  Silencio.
Hoy, el amigo Javi 4000, nos envía su crónica de unas actividades interesantes que ha llevado a cabo por aquellas hermosas tierras. Son 'al estilo Javi 4000', aventuras en solitario, duras, bellas y emocionantes.
Os dejo con sus letras, narrando lo vivido...

 

Sábado 29.
Viaje a zona Ponferrada, Montes de León (Montes Aquilanos, Valle del Silencio, llamado así porque muchos religiosos lo eligieron para retirarse en cuevas). El primer día llegué bastante tarde con eso de arreglar a la familia ya que partían hacia tierras extremeñas. Me dirigí al pueblo de Peñalba de Santiago; súper perdido en una carretera de montaña llena de castaños centenarios, conserva la arquitectura popular pero está totalmente restaurado y nuevo. Cuando llegué, llegaban multitud de coches de domingueros, así que aparqué y salí sin demora, la gente arreglada me miraba, pero yo pasaba de todo. Subí a lo alto del pueblo y pregunté a un lugareño, el objetivo era subir al pico Silla Yegua, 2143m, el hombre me indicó una pista y la abordé rápidamente, llegué a un collado donde estaba quemado y había una estación meteorológica, pero salí a una carretera que habían hecho nueva. Me había desviado a la izquierda del pico porque abordarlo de otra manera era imposible por el terreno tan abrupto. Seguí la carretera que se dirigía al alto o estación invernal del Corredero; unos 2 kms más arriba vi una curva cerrada, me salí, exploré y vi que había un sendero, ¡al ataque! Subí el valle que existía, duro, el suelo helado, mucho matorral, había cagadas de lobos, en la parte de arriba tuve que ir por un regato y llegué arriba donde escalé una repisa de nieve dura, je, je... Una pista de tierra, terreno suave hacia arriba y la cumbre a la vista con una casetas. El valle de detrás estaba quemado; demasiados incendios. Casi dos horas de subida y 1000 m de desnivel. Ya desde la cumbre, se veía el pueblo del que partí y Ponferrada. A lo lejos mil picos por todos lados (sierras de Galicia, Ancares, Montes de León, zona Teleno...). Comí, eché fotos y charlé con unos montañeros que había allí. La bajada fue rápida. Decidí ir a la cueva de San Genadio, bajada del pueblo fuerte, giro a izquierda y en una pared con arbustos allí se encuentra la cueva grande con un altar dentro (se llega en menos de 30 minutos); muy bonita (el camino se puede hacer por otra variante). Viendo la información que traía conmigo, decidí dormir en el pueblo Montes de Valdueza, un poco más abajo, un pueblo muy chulo, sin asfaltar las calles, ya que me atrajo la idea de hacer una cumbre mítica y misteriosa, la Aquiana, 1849 m.



Domingo 30.
A la mañana siguiente subí temprano por una pista de castaños, el sol empezó a calentar algo, llegué a un collado y a mano izquierda tenía la cumbre encima de un pequeño sendero, luego unas rocas que llaman Los Doce Apóstoles y después, por último, matorral en un ladera dura. Me lancé escalando aquella pared con cuidado y la hierba resbaladiza en sombra, y luchando a patadas con los piornos. Luego me esperaba una pendiente del trece y llegué a la cumbre. Preciosa. Eché mil fotos, me sentí genial, en verdad era un sitio mágico, en estas cumbres los astures hacían rituales para pedir por la fertilidad, yo ya no tenía ese problema, estaba servido, pero había energía en el aire. Casi dos horas de subida, unos 700 m de desnivel pero claro peleones. Bajé por los cortafuegos que bordean la cumbre hasta el collado, contento, pero me crucé con moteros y quads que me amargaron un poco.
Pillé el coche y conduje hasta el puerto de los Ancares, donde tenía pensado hacer esa tarde el pico Miravalles. Al aparcar en el puerto, vi que en vez de ir a la derecha la alternativa izquierda era más atractiva y llevaba a un pico más alto, el Pico Cuiña 1987 m., 18 metros más alto que el Miravalles. Había sendero muy marcado, demasiada gente iba por allí, así que a paso ligero fui a por la cima, veía lagunas pequeñas y una caseta a mano izquierda, debajo; el cansancio se hacía patente cuando llegaban las pendientes fuertes. Había poca nieve, arriba recuperé fuerzas comiendo algo. La subida en una hora y 350 m de desnivel. Y bajé rápido (en 50 min), porque veía que no tenía tiempo solar, si no me hubiera dirigido al pico Miravalles. Así que pillé coche y camino de Villablino donde dormí.


Lunes 31.
Desde el pueblo de Abelgas de Luna, junto al embalse de Barrios de Luna (entre león y Oviedo), salí de ruta por un valle que hacía tiempo me admiraba, un sitio virgen del todo, sin cables, ruidos, ni casas, grandes picos de 2000 metros y un poco más, distancias largas para machacarse el cuerpo, caballos por todos lados. Al final del pueblo a mano derecha sale una pista que deja un depósito de agua a la izquierda y llega a un pequeño collado, ya todo campo, pista adelante por el largo valle; vi a mano izquierda un pico oscuro muy alto, el pico Penouta 2099 m., ¡a por él! Dos horas desde el comienzo hasta su cumbre, que resultó muy costosa; el frío y el viento hacían su aparición. Cuando llegué a su cumbre dije 'todo arista', descanso de cuestas. La niebla se metió y con ella la humedad. El viento era fortísimo en algunos puntos, me forré y a andar, hacía cumbres pero paraba lo mínimo para hacer algunas fotos de los hitos para dar constancia de haber estado allí, simple satisfacción personal, nada más, o cabezonería tal vez. El hecho es que el estar allí arriba cresteando con la niebla era increíble, soledad, supervivencia, lucha dura, físico, cuidado y orientación a tope. Era súper-fácil perderse (de hecho lo hice un par de veces), el terreno era muy parecido y no tenía referencias visuales más allá de 10 metros. A veces tenía que bajar 100 m (menos niebla) para reorientarme, con el cansancio que suponía volver a retomar la ruta y las probabilidades de perderme que conllevaba. El tiempo empeoró más aún, aquello era una lucha encarnizada, tras mil vueltas en aquellas cuerdas tan altas y perdidas a la vez, encontré la cumbre más alta, el pico La Cañada 2154 m. No se veía a más de 5 metros; bajé volviendo sobre mis pasos, pero me di cuenta de que no era el valle que debía ser, este era más salvaje de vegetación, estrecho y sin pistas, se vislumbraba a la izquierda otros con cumbres nevadas a su derecha, ese podía ser, ya que el mío era similar, pero aclaró milagrosamente unos segundos y me dejó ver a la izquierda un resalte rocoso que me parecía haberlo visto, a por él. Según bajaba y me acercaba me di cuenta de que no era, yo ya pensaba, bueno bajaré por el valle que tengo detrás hasta que llegue a un pueblo y pediré a alguien que me acerque a mi coche pagándole algo, pero cuando estaba encima del resalte vi otro resalte y este sí que era el que reconocía. Milagro; aclaró y vi el valle mío. Jo, qué alegría, pero entonces pensé: ¿Reniego ya del objetivo de cumbrear todo el valle? Pues no, seguiré... Durísimo subir de nuevo a otra cumbre, Peña Piquera 2069 m., bajarla, y subir la siguiente, Pico Hormigones 2062 m, Alto de las Lagunas 2036 m., Peña Correa 2061 m, y la última reseñable Pico Corralines 2005 m, desde la que bajé a una caseta y a la pista, llegué al pueblo lloviendo y de noche, corriendo los últimos 2 kms. En total unos 35 o 40 kms, el desnivel ni se sabe, sobre los 3000 metros calculo sobre lo que hice con sus vueltas de perdido, y en total de horas 10,5 horas. Una auténtica paliza, además de lo que llevaba los días anteriores; para colocarla entre las más duras que he hecho, sin duda. Toda la semana siguiente ha nevado en estas cumbres.

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