No querías nieve… Cordillera Cantábrica y Picos de Europa


Después de varias semanas de espera como consecuencia de las distintas borrascas que nos visitan, por fin, y sin hacer excesivo caso a las previsiones de mal tiempo, nos decidimos a visitar la montaña palentina.
Estos retrasos traen como consecuencia que en lugar de los cinco previstos, sólo seamos Joaquín y yo los que podamos hacer el viaje.




Partimos el jueves por la tarde en dirección a Vidrieros, nos espera un refugio ya conocido en visitas anteriores, junto al río Carrión, en perfecto estado y con chimenea, un auténtico lujo. Como somos previsores y nos gusta la buena vida, junto a nuestro equipaje metemos unos buenos troncos y unas trébedes que nos servirán para dar buena cuenta de unas chuletas de ternera y un Ribera. ¡Espectaculares (el Ribera y las chuletas)!
¡Que dura la vida del montañero!


Track del Pozo las Lomas.

La noche, que ha sido muy fría y con ligeras nevadas, da paso a una mañana espectacular, de cielos abiertos y despejados.
Nos acercamos hasta Cardaño de Arriba para intentar nuestro primer objetivo, la Peña Prieta. Comenzamos la ruta marcada como Pozo las Lomas con nieve desde el aparcamiento y raquetas a los 500 m por lo que ya sabemos lo que nos espera. Las recientes nevadas han cargado la montaña con algún metro más extra, la imagen es espectacular pero la progresión será dura incluso con las raquetas.
A partir de que cruzamos por segunda vez el arroyo de Las Lomas, el camino toma una buena pendiente en la que progresivamente nos vamos hundiendo cada vez más, nos vamos turnando para abrir huella y lentamente ganamos altura. Las frecuentes paradas para recuperar el aliento nos permiten disfrutar de unas vistas espectaculares de un entorno rodeado de los Picos más emblemáticos de la zona: Espigüete, Murcia, Peñas Malas... Y frente a nosotros el pico Tio Celestino, Alto de las Lomas, Agujas de Cardaño…
A estas alturas ya sabemos que nuestro objetivo es imposible sin una paliza descomunal, así que nos conformamos con ir progresando tranquilamente hasta el Pozo de las Lomas mientras disfrutamos de un día espléndido, no se mueve el viento y el sol está quemando nuestras caras.




Una paradita para recuperar fuerzas nos anima para afrontar unas rampas en las que se han acumulado metros de nieve polvo y en la que nos hundimos más de medio metro, no hacemos huella, ¡hacemos trincheras! El premio es llegar junto al pozo, en un circo glaciar precioso, ahora suavizado por la cantidad de nieve acumulada y rodeado por las impresionantes Agujas de Cardaño.
El retorno ya es mucho más fácil y nos devuelve sin problemas al coche después de 6 horas de pelea, pero sintiéndonos privilegiados por el gran día de sol y nieve.
Para el siguiente día teníamos reservado hueco en el albergue Briz de Espinama así que para Cantabria nos vamos, disfrutando durante el trayecto de los paisajes nevados.
Una chimenea caldeando el ambiente nos recibe a la llegada al albergue. En los dos días que pasamos allí, Juan José, el propietario, se encargó de mantenerla encendida para nuestro disfrute. Un lugar muy recomendable, este albergue.
El tiempo ya no nos dio más tregua y las previsiones se cumplen. Amanece el sábado lloviendo en el valle, por lo que suponemos que arriba la cosa será aún peor. A pesar de todo nos dirigimos a Fuente Dé con la esperanza de que funcione el teleférico y podamos subir a echar un vistazo y catar la nieve que hay en Picos.




Cuando pedimos 2 billetes de sólo ida, el empleado nos mira de arriba abajo, asoma la cabeza de la taquilla para ver las mochilas que llevábamos y nos pregunta si sabemos a dónde vamos y lo que hay arriba... ¿De verdad que sólo ida? Mira que hay ventisca, no hay ninguna huella y la cosa está mal… Le explicamos que queremos volver andando por Áliva y que no tendremos ningún problema en bajarnos si no lo vemos claro. Al final, sin ganas y poco convencido, nos da los billetes.
A la cabina ya le cuesta entrar en la estación alta del cable porque el viento no la deja encajar en su hueco, un par de golpes y para adentro.




Al salir al exterior se hacen evidentes los miedos del empleado de Cantur, sopla un viento de la leche y se ve lo justo entre la ventisca.
Decidimos probar un tramo y nos calzamos las raquetas y de nuevo se repite lo del día anterior, nos hundimos más de lo esperado, aún así se puede progresar. Enseguida se nos une un grupo sin raquetas y otro montañero con ellas que, a cierta distancia, nos siguen la huella, pronto desisten y nos dejan solos.
Al poco ya estamos calientes y tan animados buscando la mejor forma de progresar en la nieve, que cuando nos queremos dar cuenta estamos camino de Áliva y disfrutando.
Es impresionante la cantidad de nieve que hay, cualquier referencia de otras veces ha desaparecido, ni camino, ni carteles, ni las rocas está ahora para guiarnos. Seguimos un track intentando evitar las cornisas y lo hoyos que ha formado la nieve. La visibilidad es muy justa y hay que tener cuidado, pues hasta que no llegas al mismo borde no se ve la diferencia de nivel y no se aprecia la caída. Mires donde mires, todo es blanco.




Nos dirigimos hacia el Chalet Real para seguir asombrándonos por la nieve que lo cubre, de tal forma que se puede acceder al techo caminando por una rampa de nieve, mientras que en el lado contrario, el viento deja ver el suelo rodeado de una pared de 5 o 6 metros. Esto mismo se repetirá en el refugio de Áliva por el que pasamos un poco después.




Hoy la progresión es menos dura pues es casi todo bajada y pronto nos encontramos en la Portilla del Boquejón, salida natural de los Puertos de Áliva hacia Espinama. Aunque nosotros pretendemos seguir el sendero que parte de esta zona hasta Fuente Dé, el cual tomaremos, aconsejados por unos montañeros que encontramos en Áliva, desde las invernales de Igüedri en lugar de la ladera del pico Valdecoro que está muy cargada de nieve. Una travesía “a las bravas” cruzando un arroyo, nos deja en el sendero que nos conducirá, por un bonito bosque de hayas, hasta el mismo aparcamiento de Fuente Dé con las raquetas puestas.


Track, Puertos de Áliva.

Otras seis horas y media de ruta con mucha nieve y muy contentos, pues a primera hora de la mañana no esperábamos sacarle tanto partido a un día de tiempo tan regular.
La tarde-noche da para una visita turístico–gastronómica a Potes para recuperar de los esfuerzos de los dos días que llevamos y para ignorar las previsiones del domingo, que no son nada buenas.



Y a punto estamos de marcharnos directamente a casa, cuando al levantarnos vemos el panorama. Ahora llueve en Espinama y mires donde mires está cubierto.
Ya que estamos tan cerca, decidimos subir a San Glorio y probar suerte. Afortunadamente la nieve no cuaja en la carretera y podemos llegar sin problema para ver como un grupo de montañeros está a punto de iniciar la ruta hacia el Coriscao. Nos hacemos los remolones y les seguimos por la magnífica huella que nos van dejando, después de dos días de abrir huella como leones, esto es un auténtico regalo por el que, poco después, les damos las gracias.




Es una pena no poder rematar el día con las magníficas vistas que, según me dice Joaquín, se disfrutan desde el collado de Liesba y el resto del camino al Coriscao.
Después de un par de subidas cómodas, nuestros benefactores se paran ante unas rampas duras y un paso cargado de nieve polvo junto a la peña del Cascajal, al guía no le da la confianza suficiente para que pase todo el grupo, por lo que se dan la vuelta. Nosotros continuamos por la huella de unos esquiadores, hundiéndonos hasta las ingles por lo que al momento también decidimos darnos la vuelta. ¡Ya está bien de nieve!
Como suele pasar, cuando inicias el retorno, el tiempo mejora y nos deja ver al Coriscao y su rampa final, que teníamos relativamente cerca, y en la que se puede ver a los esquiadores llegando a una cumbre preciosa, como una auténtica pirámide de nieve.
Continuamos bajando, ahora sí, disfrutando de las vistas que nos ofrecen los claros cada vez más frecuentes. Unas cuantas fotos dan por terminada una jornada de unas 3 horas y media.




Después de una comida espectacular en Boca de Huérgano, Joaquín me enseña una carreterita de montaña, el puerto de Monteviejo, todavía con bastante nieve pero con unas vistas inmejorables del Espigüete, una magnífica forma de terminar un buen fin de semana de montaña.
¡Vamos!


Track del intento al Coriscao.

El texto y algunas fotografías son de Carlos Elías, otras tantas fotos y los tracks son del amigo Joaquín. Gracias a ambos por compartir el material y la experiencia.