Por el parque natural de Redes


Este fin de semana, por aquello de que la cabra tira al monte, que los ciervos están con su berrea y que no está de más juntarse con los amigos de vez en cuando, nos fuimos hasta el parque natural de Redes.
¡La sección peñarandina y la madrileña juntas! ¡Ahí es nada!
¡Pero que no se nos asuste Calleja!, que la cosa no tiene mayor transcendencia y no pretendemos ir más allá o quitarle el protagonismo, je, je...
En este caso no fuimos al albergue posada Cantu L´Oso (de Ovidio, en Soto de Agues), ni a los estupendos apartamentos del amigo José Manuel (en Caleao), sino que nos alojamos en Campo de Caso, en el nuevo albergue Camín de Redes. Está muy bien esta instalación, todo nuevo y bien atendido por Chus y compañía.
Teníamos varias opciones y poco tiempo; además de que la meteorología prevista para el sábado iba a ser húmeda (¡qué lo fue, Jariego, lo fue!).
Entre otras posibilidades, barajábamos subir al pico Visu La Grande; o ascender hasta el pico del Cantu del Oso, por la majada de La Ablanosa (algo parecido a este invento); o ir por la Foz de Sahoya; o subir al Pico Torres (por Arrudos); o ascender hasta el pico Retriñón; incluso hacer el pico Torres y el Retriñón que aquí describe Ovidio...
Al final nos decidimos por subir hasta el Cantu del Oso, por la majada de La Ablanosa, pasando por la vega Porciellu...



El día salió con sus nubes, su orvallu, su niebla que va y viene... Pero ahí estábamos los salandareños de la sección madrileña y la peñarandina, junto a Mar y sus amigos que se sumaron a la ruta, para salir sin miedo alguno a disfrutar del monte. Todos pertrechados con bastones, parkas y paraguas.

La ruta podemos decir que es poco común si estás habituado a pasear por Redes. Por lo que dicen, lo normal para subir al Cantu del Oso es otra ruta, por Brañagallones, con otro acceso (desde Bezanes) y otra dificultad menor; como decía Manjón ¡tiene que haber una autopista! Algo parecido a esta actividad del Wikiloc.
Nuestra actividad parte desde la AS-17 en la subida al Puerto de Tarna, aproximadamente a un kilómetro y medio antes del propio pueblo de Tarna. El amigo Joaquín, con su GPS, nos llevó perfectamente al lugar de salida. ¿Dónde dejamos los coches? Menos mal que llegamos pronto y encontramos un par de huecos, pues hay poco sitio para dejar los vehículos.
Para nuestra sorpresa, la cosa comienza bajando, pero rápido empezaríamos a subir... El camino nos lleva a la majada de La Ablanosa y después a la Vega Porciellu. Aquí comienzan a desaparecer los caminos (Culín se la tiene jurada al del Wikiloc, ¡y a los de Gore Tex!) y a través de veredas, sendas y trochas casi de jabalí nos sube, no sin esfuerzo, hasta el Cantu del Oso. Cachis en la pera, nos dolió mucho que no pudiéramos disfrutar de las maravillosas vistas desde la cumbre pues la niebla nos tenia rodeados y tampoco pudimos comer, ¿verdad Carlitos?, porque soplaba ligeramente el viento... En la cumbre hay un buzón muy moderno y nos encontramos una salamandra... Y digo yo, ¡¿qué hará una salamandra a esas alturas y con la que estaba cayendo?! Miguel la hizo unas cuantas fotos; ya las veremos...
La bajada, por debajo del imponente paredón del Cantu del Oso, tiene lo suyo, haciendo travesía por algunos lugares con bastante patio (eso lo vimos al días siguiente). Y luego, antes de volver hasta La Ablanosa, un descenso muy tendido por trochas y veredas que casi no se ven, y donde todo pica con sus escobas, helechos, tojo, brezo...
Una ruta muy guapa, pero durilla y no apta para todo el mundo (aquí tienes más datos de otros campeones de la montaña, parecida, pero al revés).

Y el domingo un grupete fue a ver el ganado y el museo de la madreña (seguro que Raúl disfrutó como un enano) y otros nos dimos un paseo por la ruta de la cascada del Tabayón, una actividad de senderismo sencilla, disfrutona, sin dificultad técnica, aunque, como todo en esta zona, tira para arriba... Ya habíamos estado por allí hace unos años, pero repetimos porque es un paseo guapo y tranquilo, atravesando un precioso bosque de hayas hasta llegar a la cascada. En esta ocasión no llegamos a la propia cascada; nos dimos la vuelta porque habíamos quedado con los amigos para comer en Pendones.


La cascada traía agua, pero no mucha cantidad; ¡menos mal que no vino Quique cargando con el trípode! En otra ocasión hemos ido con el Club Salandar en abril-mayo y el caudal era estupendo, ¡un gran espectáculo y un disfrute total para los sentidos!


De regreso a casa paramos en La Uña, para tomar un café... Y nos topamos con un camarero peculiar, sin prisas, de otra madera... Vicente, el de La Sabina... Un personaje increíble que nos deleitó con unas cuantas historias (¡tiene miles!, para escribir un libro) del monte, de su época de furtivo, de su trabajo como guarda, de la cárcel, de la noche del preso, el carcelero y el guarda montes, del canto de los Urogallos, de los guardas de academia... ¡Y no nos contó más porque nos teníamos que ir! ¡Vaya bicho! Se le iluminaban los ojos contando sus peripecias... ¡Tendremos que volver otro día a hacerle una visita y para que alimente e ilumine nuestras cabezas urbanitas!

Aquí podéis ver unas fotos de Quique, Manjón, de Culín y mías.

¿Os he dicho que ya estoy deseando volver al Cantu L´Oso?