Por los ojos (por el mi Juli)


¡Hola a todos!
Yo, como todos sabéis, por motivos de salud no he podido acompañaros (montado en mi bicicleta) en estos tres últimos años, aunque si lo hice el pasado con mi coche, haciendo labores de transporte (llevar a Miguel y a Vegas al alto de la Hoya).También pasamos noche con vosotros en El ayuntamiento de Puente Congosto. Aquí he de hacer un inciso, para la gente que lea los comentarios. En la Transmorucha casi todo está organizado, la comida que hay que llevar, la ropa, las herramientas y repuestos, etc., pero el dormir queda un poco en el aire. Dependiendo de la meteorología, se hace de una u otra manera: vivaqueando, en tiendas o recurriendo a la buena voluntad del alcalde del pueblo donde corresponda para que nos deje algún local municipal, normalmente la antigua escuela, o como el caso del pasado año, que al coincidir que había elecciones y en ella estaban las urnas para las votaciones, el alcalde de Puente Congosto (al que desde aquí, doy las gracias en nombre de todos) nos permitió dormir en una parte del ayuntamiento.

Bien, pues como decía al principio, para mí fue una tarde-noche más, en lo que se refiere al buen rollo del compartir cosas con vosotros, pues ya llevamos años haciéndolo, tanto en las salidas a la montaña, como a las de BTT, pero para alguien como mi hijo Mario (siete años por entonces) fue una experiencia que nunca olvidará. Veros llegar al pueblo montando alboroto, con las bicicletas cargadas con las alforjas empapadas de agua y llenos de barro, algunos con frío, pero todos con la alegría y satisfacción del objetivo cumplido, para él fue impresionante. ¡Mira papá como vienen!, decía.
Luego, después de las obligatorias cervezas en el bar, camino del ayuntamiento a lavarse el sobaquillo (entre otras cosas) y a ponerse ropa seca y limpia para cenar. Empiezan los preparativos de la cena, que si te caliento la sopa, que si te paso la fiambrera (antiguo tuper) con los torreznillos, que si dame pan, que si toma vino, etc. Luego viene la hora de dormir, que yo pongo aquí la esterilla, que si yo me subo al piso de arriba, yo al pasillo... ¡Menudo puzle para organizarnos todos, bicicletas incluidas, en tan poco sitio!

Para colmo Mario se empeña (para eso la hemos traído) en dormir en la tienda de campaña. Así que después de un que sí, que no, la montamos en el descansillo de las escaleras.
Al día siguiente, madrugón, desayuno y en marcha para Peñaranda.
Entretanto, nosotros íbamos parando en los pueblos por donde teníais que pasar y os esperábamos con los nervios y la intranquilidad de un niño ¡que si no vienen! ¡Qué cuánto tardan! ¡Ya los veo! ¡Ya llegan! ¡Casi no han parado! Que más...

¡En fin! Que ésta, es otra manera de ver y de vivir la Transmorucha, la de los ojos de un niño al que su padre trata de enseñar lo que otros años ha vivido y sufrido en sus propias carnes.
La Transmorucha es más que una palabra; son vivencias, compañerismo, sentimientos, sufrimiento, es un reto personal el saber si podremos terminarla o no, es compartir, pero al final cada uno la vive y la sufre de una manera y cada año en sí es distinta. Sólo se sabe lo que es y lo que se siente cuando se ha recorrido.
Así que, desde aquí animaros a hacerla a los que no la hayáis hecho. Y a los demás, ¡GRACIAS! ¡Y a por la décima!
El mi Juli.