Roscón de Reyes, casero y sin huevo

Como buenos golosos, y a mucha honra, llevamos varios años cocinando roscones de Reyes sin huevo... Es un dulce interesante y lo normal en nuestra casa es elaborarlos a primeros de enero, por cuestiones evidentes, y a mediados de febrero por asuntos cumpleañeros… Y después de intentonas varias, unas más fructíferas en texturas, otras en presencia, otras en sabores, la investigación y la perseverancia en este complicado 'mundo del sin huevo' nos ha hecho probar un buen número de recetas...
En la elaboración de los primeros de 2014 hemos probado nueva receta. Los de este año los hemos cocinado con una receta ligeramente adaptada que vimos en la web 'No quieres caldo? Pues toma dos tazas', que a su vez también es una adaptación de otra receta de la Asociación española de alérgicos a alimentos y látex (AEPNAA).



Nosotros estamos muy contentos con el resultado de este año. El fruto han sido dos roscones que estaban muy buenos de sabor, con una textura y esponjosidad fabulosa. Os copiamos la receta, por si os sirviera…



Elaboración previa de masa madre, cuyos ingredientes son:
- 100 gramos de harina de fuerza.
- 100 ml de leche.
- 25 gramos de levadura fresca.

Toma nota de los ingredientes para la masa:
- 500 gramos de harina de fuerza.
- 120 ml de leche.
- 60 ml de zumo de naranja de Valencia.
- 100 gramos de azúcar.
- Media cucharadita de sal.
- 80 gramos de aceite de oliva.
- 3 cucharadas de postre de agua de azahar.
- Ralladura de una naranja y de un limón.

Nuestra decoración ha sido simple y aquí te indicamos los ingredientes:
- Azúcar humedecida con agua.
- Naranja valenciana confitada (1 naranja, 200 ml de agua y 250 gramos de azúcar).
- Almendra fileteada (dos cucharadas soperas).

Y como ya te he comentado, que somos muy golosos, pues el roscón lo hemos rellenado con nata que hemos montado en el último momento, antes de servir:
- 500 gramos de nata de 35% materia grasa.
- Cucharada sopera de queso de untar.
- 75 gramos de azúcar glas.



De forma rápida os contamos el proceso de elaboración…
La noche anterior hemos preparado la masa madre. Para ello se mezclan bien todos los ingredientes indicados con anterioridad y hemos dejado reposar la masa resultante durante toda la noche en el frigorífico.

Al día siguiente nos levantamos con ganas de dar forma al roscón, ¡ya queríamos ver y probar el resultado! Nos pusimos manos a la obra, sacamos la masa madre del frigorífico y añadimos el resto de ingredientes… ¡Amasa que te amasa!, con olores que ya emborrachaban la cocina, hasta que se va obteniendo una masa bastante homogénea y que no se pegue.
Ahora toca descanso y que los fermentos hagan su tarea… Se deja la masa a temperatura ambiente y tapada con un trapo de cocina, durante tres horitas aproximadamente, para que vaya levado hasta doblar su volumen. ¡Vaya espectáculo!



Mientras, lavamos y cortamos la naranja en láminas finas. ¡Más aromas que se suman a la fiesta! En una cazuela grandecita ponemos a cocer unos 200 ml de agua con 250 gramos de azúcar. En el momento que comienza a hervir, hemos añadido la naranja, dejándose cocer suave durante unas dos horas.



Volvemos con la masa... Destapas y ¡sorpresa! Efectivamente, la masa ha aumentado su volumen como por arte de magia… Amasamos para desgasificar, la hemos dividido en dos partes más o menos iguales (nosotros hemos sacado dos roscones), y le damos la forma ovalada del típico roscón teniendo la precaución de dejar el agujero central bien grande (la experiencia nos dice que luego crecen más, y si no eres precavido, el agujero se cierra e incluso se pegan unos bordes interiores con otros). Montamos sobre papel de horno (y bandeja de pastelería, para facilitar el posterior manejo). Dejamos reposar y levar durante unas dos horas, hasta que prácticamente dobla, de nuevo, su volumen.



Seguimos con el proceso. Como no utilizamos huevo, pues hemos pincelado, ¡suave y con cariño para que no se caiga el roscón!, con almíbar sobrante de confitar las naranjas. Mojamos los dedos en agua, tomamos azúcar y vamos decorando con este azúcar humedecida. Después es el momento de la almendra fileteada (previamente hemos tenido almendras sumergidas en agua para que no se rompan al filetear) y la naranja confitada.




Con el horno precalentado a 170 ºC metemos a hornear nuestros roscones (sobre rejilla y no sobre bandeja) hasta que se doran lo suficiente. Han sido unos 20 minutos, más otros cinco minutos en los que hemos mantenido el horno encendido tapando los roscones con papel de plata para evitar que se quemaran por arriba.
¡Ahora lo del aroma de la cocina ya es insuperable!
Sacamos del horno la creación, repintamos de nuevo con el almíbar sobrante de la naranja confitada y con los nervios a flor de piel y el cuchillo de la mano dejamos enfriar sobre una rejilla.
Montamos la nata, corte lo más homogéneo y recto posible, rellenamos... ¡Y a disfrutar comiendo!
¡Un placer de reyes!




P.D.: Aunque en este post hablo en plural, la artista cocinera ha sido Rosa... Los demás hemos colaborado probando este exquisito postre y haciendo infinitas reverencias a la amable y eficiente cocinera.

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