Tendencias culinarias: hoy toca arriesgar [¡Qué daño ha hecho mastercher!]


Entramos en el restaurante y las mesas ya estaban dispuestas, vestidas para la ocasión, ¡que bien lo merecía!
Hoy vamos a arriesgar –decía el cocinero al recibirnos-.
Leñe, a uno, que es un zampabollos comedor por naturaleza, se le ponen los pelos como escarpias.
¡Hoy toca arriesgar! Pues ya estoy yo nervioso, ¡a ver con qué nos sorprende el chef!

Entre dimes y diretes los amigos van tomando asiento…
Yo, ubicado al lado del anfitrión, oigo cómo vuelve a recibir información del ilusionado y convencido cocinero: Ya verás, os va a encantar, ¡hoy vamos a arriesgar con el primer plato!
¡Qué nervios!

Como estamos acostumbrados a leer o escuchar, en el mundo culinario que nos rodea y los programas de TV que nos invaden, textos rebuscados para nombrar un plato, o aspectos innovadores, de fusión, de abstracción de sabores, colores, tamaños, texturas… para definirlo, pues todo requiere, por parte del comensal, de un delicado ejercicio de equilibrio imaginativo a la hora de pensar la posible realidad final del plato (en sabor, color, tamaño, aroma, etc.).
Y claro, en este mundo, como en todos, una cosa es lo que emisor dice y otra distinta lo que el receptor percibe, intuye o imagina… Y es que, al final, como en cualquier obra de teatro, por ejemplo, el texto del menú es un punto de partida, pero si además te lo cuenta el cocinero de primera mano, te lo estructura con palabras ilusionantes, saliéndose del guion escrito, comunicando con júbilo y los ojos iluminados pues claro, la cosa engancha y uno se hace unas ilusiones hercúleas…



Y mejor no os sigo contando…
Que por la boca muere el pez…
Que a la gente se la va la fuerza por la boca…
Que es fácil contar una o mil historias, usar metáforas, crear intriga… Pero al final el movimiento se demuestra andando…
Porque con que el chasco se lo lleve uno, pues basta… y nada, desear al cocinero que vaya evolucionando con brillo, pero que mejor debiera dejar la fusión, lo experimental y la vanguardia para los iluminados y centrarse en sus variedades ancestrales, sin arriesgar, porque esos guisos en perol, con productos de la tierra y cocinados a fuego lento sí los borda… El riesgo, en cambio, no le sale a cuenta. O, mejor dicho, a los demás no nos sale a cuenta…

¡Qué daño ha hecho masterchef…!

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