Montaña Palentina: ascensión a Espigüete y Curavacas

El pasado fin de semana Carlos Elías aceptó la invitación de Joaquín y el resto de la sección salandareña de Madrid para ir 'a dar un paseo' por el entorno de la Montaña Palentina e intentar subir a los dos picos más representativos de la zona: Espigüete (2451) y Curavacas (2520). Dos días muy fructíferos, a continuación podéis leer su narración:



Se trataba del retorno a la montaña, seria, después de un año prácticamente parado por la rotura del peroné en julio pasado.
Podría comprobar si la recuperación era total para enfrentarme a fuertes pendientes.
La "sección Madrid" compuesta por Joaquín, Miguel y Culín está fuerte, tienen mucho monte en sus piernas, de hecho la semana anterior estuvieron por Gredos haciendo el Almanzor y la Galana.
Me recogieron en Medina del Campoy la noche del viernes dormimos a los pies del Espigüete, una noche fresca y a las 8 ya estábamos camino de la cumbre.
Elegimos subir por la norte y bajar por la arista este, según nos cuentan algunos montañeros locales, normalmente se hace al revés, pero Joaquín nos recomienda ésta porque la bajada por la norte es muy empinada.
¡Vaya si lo es! Después de acercarnos a la cascada del Mazobre, giro total para enfrentarse a la subida de la directísima cara norte del Espigüete.
Se toma altura rápidamente, prácticamente no hay zetas, y la pendiente es dura e incómoda por la pedrera que ocupa buena parte del recorrido.



Cuando nos queremos dar cuenta estamos en la arista cimera, tomamos dirección oeste para llegar a la cumbre principal. Nos ha costado 3 h de subida a ritmo lento pero mantenido.
Desde la cumbre vemos bastante gente que ha hecho la subida por la arista este, algunos buscando record de subida, 1h 12' nos cuenta una máquina que llega poco después, a lo que Joaquín contesta: ¡pocas fotos has hecho!
El descenso por la arista tiene una primera mitad espectacular muy aérea y entretenida que te hace estar siempre atento. Aunque en algún momento hay que echar las manos, no tiene dificultad en esta época. Diferente es en invierno, cuando el hielo y la nieve afilan la arista y se pone delicada. Nos lo confirma Joaquín que estuvo haciendo la travesía invernal en compañía de José Antonio 'Jariego'.
La segunda parte de la bajada es más monótona y se hace pesada, sobre todo teniendo en cuenta la falta de confianza en el pie de la lesión.
Al final son casi otras 2:30 h de bajada que nos dejan en el mismo aparcamiento.
Después de una buena comida en Camporredondo no acercamos a Vidrieros de donde parte la ruta para el Curavacas.
Por cierto, en el cercano pueblo de Triollo acaban de inaugurar un albergue con 24 plazas que supone un excelente punto de pernocta para las actividades en el entorno del Curavacas, nos atienden estupendamente y aunque todavía no han tenido tiempo de poner en marcha su página web se puede contactar por teléfono (979866223) o por correo electrónico (alberguecuravacas@gmail.com).

El día amanece más cálido y a las 9 de la mañana estamos camino del pico.
Con la ayuda de Joaquín, intentamos adivinar, desde los prados, la línea a seguir hasta la cumbre. Desde aquí prácticamente no se ve el Callejo Grande por el que se accede a la cara norte y posteriormente a la cumbre de este coloso.



El camino está bien marcado por infinidad de zetas que hacen relativamente fácil la vía, hasta llegar al mencionado Callejo, donde se empina bastante, aunque sin complicarse. El paso a la cara norte promete emociones cuando el hielo se agarre a estas rocas...
Resulta muy interesante la diferencia entre estas rocas formadas de conglomerados y la piedra caliza del Espigüete.



Un cómodo sendero nos deja en la cumbre, donde disfrutamos de unas vistas espectaculares del resto de montañas de Fuentes Carrionas, de las de Riaño o del los Picos de Europa.
Es en la bajada donde, por fin, tomo la confianza suficiente en el pie como para disfrutar deslizándonos por una pedrera tras otra, por lo que la bajada es rápida y divertida.
Antes de las 15 estamos de vuelta en Vidrieros tomando unas merecidas cervezas acompañadas de lomo ibérico salmantino.

Tengo las piernas doloridas y la uñas de los pies machacadas después de tanto tiempo de inactividad montañera, pero pleno por poder disfrutar otra vez de montañas como estas palentinas.
Ha resultado un fin de semana perfecto de retorno al monte y a la compañía de los amigos de Madrid.
¡Vaya máquinas! Aquí podéis acceder a los track de Joaquín (Espigüete, Curavacas) y a las fotos de Carlos Elías (Espigüete, Curavacas).

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